jueves, 28 de enero de 2016

Fatigue du bonheur


La tristesse est le repos. C’est épuisante l'obsession du bonheur. Il est un travail. Il faut qu’on exerce le droit fondamental à la taciturnité.

Lutter, il fatigue. Les petites violences quotidiennes y viennent. Chaque «non» est éternel dans sa petite fugacité. Pourquoi nous ne tolérons pas les portes fermées au nez? Parce que nous voulons avoir des visas pour ces petits pays personnels qui sont interdits pour nous. Nous ne comprenons pas quand de l'autre côté il y a du silence. Il est un fantôme redoutable que nous voulons exterminer en l’envahissant.

Il faut qu’on soit capable d'être triste et fatigué, un peu malade, un petit peu. Il y a une mode maniaque, une malveillante dépendance de la joie. 

Elle est donc souhaitable, la tristesse, et parfaite. Ou peut-être elle est un besoin d'acceptation infinie, d’étreindre notre obscurité qui englobe tout.


Geraldina Mendez




jueves, 10 de diciembre de 2015

Le pays inaliénable

Les cris se perdent dans l'immensité de mon pays. Rafael Cadenas


Les Yanomami (unes des autochtones du Venezuela) consomment les cendres de leurs morts. Ainsi ils convertissent à leur le sol sous leurs pieds. Ils prennent son pays avec eux, en tant que nation c’est la terre où on enterre ses morts.

Je ne sais pas comment écrire de l'espoir. Je ne suis pas une croyante et là-bas nous embrassons la désolation. L'abîme nous regarde dans les yeux. La perte est un état de siège.

Combien de fois nous avons voté, combien de nuits nous attendions les résultats, combien de fois nous sommes étés humiliés, insultés, battus, combien de celui qui était notre ils nous ont arraché, combien ils nous ont changés, combien d'entre nous sont étés emprisonnés, combien d'entre nous sont étés tués.

Pendant les dernières heures nous nous avons fait compagnie les unes à les autres de la meilleure façon que nous pouvions, et il n'y avait pas de distance insurmontable. Nuit  je me suis rendue compte dont nous n’avons pas jamais cessé d'en faire. Nous avons été présents, nous avons bu jusqu'à la dernière goutte amère, et nous y continuerons.

Nomades, certains d'entre nous portent Venezuela à l'intérieur. Le pays où nous sommes nés n’arrêt pas de blesser. Où que nous soyons, là nous sommes tous ensemble. On peut quitter le pays, mais le pays ne s’en va pas. Personne ne peut pas l'enlever. Et que n’ose pas quelqu’un une autre fois nous refuser le droit de le posséder. Si tel s'arrive à passer, nous le récupérerons et il aura quelque chose, comme s’a passé ce 6 décembre, qui restera inchangée en nous, et comme aujourd'hui, Décembre 7, nous nous verrons nous-mêmes et nous nous reconnaitrons.

Comme Viktor Frankl, psychiatre juif viennois qui a survécu à un camp de concentration a écrit: "La liberté, cependant, n’est pas le dernier mot prononcé. La liberté est seulement une partie de l'histoire et la demi-vérité. La liberté n’est plus que l'aspect négatif d'un phénomène dont l'aspect positif est la responsabilité."

Hier, comment a écrit notre poète Rafael Cadenas, nous avons donné à notre pays «une fleur incroyable».


Geraldina Mendez

7 Décembre  2015

lunes, 7 de diciembre de 2015

El país inalienable

Los gritos se pierden en la vastedad de mi país. Rafael Cadenas 




Los yanomamis consumen las cenizas de sus muertos. Así convierten en suyo el suelo que pisan. Se llevan a su país consigo, pues nación es esa tierra donde entierras a tus muertos.

Yo no sé escribir de la esperanza. No soy creyente y nos abraza la desolación. El abismo nos mira a los ojos. La pérdida es un estado de sitio.  

Cuánto hemos votado, cuántas noches esperado, cuánto nos han humillado, insultado, golpeado, cuánto nos han arrebatado, cuánto nos han cambiado, cuántos de nosotros presos, cuántos asesinados. 

Durante las últimas horas nos hemos acompañado de la mejor forma que hemos podido, y no ha habido distancia infranqueable. En la madrugada entendí que nunca ha dejado de ser así. Hemos estado presentes, hemos bebido hasta la última gota amarga, y lo seguiremos haciendo.

Nómadas, algunos de nosotros llevamos el país por dentro. El país donde nacimos no deja de doler. 

Estemos donde estemos, estamos todos juntos. Uno podrá irse del país pero el país no se va de uno. Nadie puede quitárnoslo. Y que más nunca nadie se atreva a negarnos el derecho a poseerlo. Lo volveremos a recuperar, y habrá algo, como este 6 de diciembre, que permanecerá en nosotros inalterable, y, como hoy 7 de diciembre, lo veremos y nos reconoceremos. 

Como escribió Viktor Frankl, psiquiatra judío vienés que sobrevivió a un campo de concentración: "La libertad, no obstante, no es la última palabra. La libertad sólo es una parte de la historia y la mitad de la verdad. La libertad no es más que el aspecto negativo de cualquier fenómeno, cuyo aspecto positivo es la responsabilidad." 

País mío, te bendigo, pero no desde la magia de dioses imaginarios en los que no creo, sino desde la visceral, mutua y fatal pertenencia.




Ayer, como escribió nuestro poeta Rafael Cadenas, le hemos entregado a nuestro país "una flor sorprendente".



Geraldina Mendez


domingo, 6 de diciembre de 2015

Le pays impalpable

Nous venons d'un monde irréparable

Hélène Dorion


Ayant été dépouillés fait de nous les citoyens d'un pays impalpable. Arrêtons-nous sur la souffrance, pour un moment. Ne l’évitons pas avec un positivisme hâtive et de pacotille. Dans la dépossession nous devons couler, il faut que sa viscosité passe à travers de nos narines et envahisse nos poumons jusqu’à le sanglot, ce que nous retenons chaque jour. Noyons nous dans ces sables mouvants où tout ce qui ne bouge pas est en train de couler et ce qui désespérément secoue, descende plus rapidement. La dépossession a sa propre beauté. Le pays où nous sommes nés vit maintenant à ce couloir absurde dans lequel nous nous trouvons, perdus du temps, de la chronologie de notre histoire, en  l'oubli momentané de tout ce que nous ne pouvions pas faire, de ce que nous n’avions pas. Peut-être plus vivant dans la conscience brûlante de ce que nous avons perdu. Le déni et l'indifférence sont irrecevables. Car telle est la vie qui reste à notre pays: que nous continuons à faire ce que nous faisons, mais signalés par l'ange exterminateur qui a marqué toutes nos portes. Ainsi, est retourné a nous le pays que nous ne pouvons pas toucher non plus.

Geraldina Mendez


sábado, 11 de julio de 2015

Envidia de la muerte

Camino por cementerios interminables, solitarios, húmedos. El único ruido es el de los nombres y apellidos escritos en tantas lápidas, gritando que existieron, que estuvieron vivos, y a mucha honra.

Pienso: ¿por qué no viene nadie?¿Por qué sólo están los que cortan la grama, que apenas levantan la mirada, como avergonzados de estar vivos entre tanta belleza detenida? Me miran como si los descubriera en algo sucio, como preguntándome por qué camino yo y cruzo un cementerio, como si por estar viva me encontrara completamente fuera de lugar, en vez de ocupar un espacio bajo la tierra.

Veo las lápidas y pienso en tantas lágrimas y en tantas flores inútilmente sacrificadas y me da rabia. Pienso en la ceniza en la que quiero convertirme, en que no quiero un espacio bajo el sol cuando mi sangre ya no corra,  en que quisiera ejercer mi derecho a desaparecer del todo, sin dejar rastro ni obligaciones a otros de visitarme y celebrar la interminable y tediosa ceremonia de sufrir.

Quiero el olvido; quiero que mis nombres desaparezcan conmigo de la faz de la tierra. Quiero haber sido y no ser más nunca. La muerte es para eso. Para irse. Para morirse para siempre.

Luego el silencio me ensordecía. Miraba las tumbas torvamente. Hasta para estar inmóviles y callados son insistentes los muertos: parecen estar juntos en eso. Supongo que de ahí han sacado esa idea de que en algún lugar siguen vivos, uniformes, contentos de no tener calor ni hambre. Me parecía que sus lápidas se burlaban duramente de mí, con su mirada gris. De mí, apurada, con sed, con ganas de ya salir de al lado de esa fila interminable de interminables y callados muertos.

¿Por qué la furia? Porque de repente empecé a desear quedarme. Me imaginaba ser uno de ellos, sin estaciones, sin tener que elegir qué vestir. Apuraba el paso pero inevitablemente me contagiaba la pesadez de tanto silencio. Caminaba y las piernas me sobraban, los pasos perdían todo su sentido. Sentía que flotaba y no iba a ningún lado. Me contagiaban esos muertos de su muerte. De pronto esa vida vaciada de ellos comenzó a tener sentido, a parecerme deseable.


No quiero volver a caminar por esos hermosos cementerios, porque les tengo envidia a los muertos.


Geraldina Mendez



Cansancio de la felicidad


La tristeza es el descanso. Agota la obsesión por la felicidad. La felicidad es un trabajo. Hay que ejercer el derecho fundamental a la taciturnidad.

Luchar cansa. De ahí las pequeñas violencias diarias. Cada “no” es eterno en su pequeña transitoriedad.  ¿Por qué no toleramos puertas cerradas ante nuestras narices? Porque queremos tener visas para esos pequeños países personales que nos están vedados. No comprendemos cuando del otro lado hay silencio. Es un fantasma temible que deseamos exterminar, invadiéndolo.

Hay que poder estar triste y cansado, enfermarse un poco, un poco nada más. Hay una moda maníaca, un apego maligno a la alegría. 

Por eso es deseable y perfecta la tristeza. O quizás sea un ansia de una infinita aceptación, de un abrazo ciego que abarque toda nuestra oscuridad.

Geraldina Mendez


lunes, 8 de junio de 2015

Desamor

Encrucijadas. El piso se mueve y de repente no sabes dónde estás, excepto que ya no en hibernación sino en un punto vivo. Abres la mano y lo que creías tener de repente vuela de entre tus dedos, se lo lleva el viento como vilanos. Lo que creías había impreso un sello es barrido por una marea de otras aguas como pasos de gaviota en la arena y te encuentras perdido, sin saber qué habías escrito, sin palabras, sin fuego, justo después de haberlas dicho, como una maldición de lo innombrable, una prueba de labios que debieron permanecer sellados, sin decir.

Callas y en el silencio se agazapa la nada dispuesta a saltar como un tigre blanco. Se borran misterios, nuevos signos reemplazan otros familiares y el corazón duda, siempre duda, retrocede, mira hacia otro lado, volando como un pájaro indeciso que no sabe de qué se alimentará a continuación. 


Geraldina Mendez